viernes, 28 de octubre de 2011

Once voces de libertad

Once voces de libertad:


La travesía de los guadianes ha sido larga. Dos años han pasado desde que los 10 colosales bustos de bronce y la caja táctil de la muestra escultórica Nuestros silencios, del artista jalisciense Rivelino, iniciaran su camino por las principales ciudades europeas antes de retornar a casa.

Diez capítulos se han escrito en esta historia y todavía no termina. Lisboa los vio partir en noviembre de 2009 y desde entonces ciudades como Madrid, Bruselas, Potsdam, Roma, Londres, Rotterdam, Moscú y San Petersburgo los han acogido. No requirieron visa, fueron migrantes libres.

Al otro lado del teléfono, desde la capital del país, se escucha un Rivelino diferente, orgulloso. Esta sede, sobre todas las demás, representa un objetivo alcanzado. “Son tres años de estar en constante presión, estrés, emoción, angustia, de todo, es un trabajo que ha consumido tres años enteros de mi vida, pero con la exposición en el Zócalo siento que se cierra un círculo”.

Los guardianes esperan, mantienen la boca sellada con una placa, pero piden levantar la voz. Sobre una plataforma concéntrica de 35 toneladas, los bustos de más de tres metros de altura y la Caja táctil, que suman 12 toneladas más, miran el astabandera de la Plaza de la Constitución. Y en este lugar tan emblemático abren el diálogo con los espectadores. “El Zócalo es la plaza de las protestas, de las voces, de la alegría, del festejo y estamos en unas fechas interesantes, vamos a ver qué les sucede a las esculturas, estoy seguro que todos los días se va a contar una historia diferente”.
La muestra está abierta al público para apreciarse y tocarse. Al interior de la caja táctil, la única escultura que muestra la bitácora completa del viaje, que no se retoca antes de cada montaje y la única con mensajes en braille sobre su superficie, se encuentran cuatro réplicas de los guardianes para que aquellos que no puedan apreciarlos con la vista, dimensionen las esculturas y toquen esas placas que les cubren la boca, inalcanzables en las de tamaño original. “Estoy muy interesado en saber cómo reacciona la gente, por lo que pude ver y sentir, no creo que las esculturas se vean afectadas. La violencia no es la manera de expresarse, menos hacia una obra de arte que no se puede defender”.

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